miércoles, 23 de diciembre de 2009

LENGUAS NATIVAS


Para
los nativos americanos contemporáneos, las lenguas aborígenes
de Baja California son parte importante de su herencia cultural. Los lingüistas
profesionales estudian estas lenguas para buscar pistas de la universalidad
o diversidad de varios rasgos y procesos en el habla humana. Los antropólogos
descubren en ellos rastros de las migraciones prehistóricas y patrones
de cambio cultural e interacción, tanto hacia el interior de la
península como a través de sus fronteras más distantes
en el oeste de Norteamérica.
Mucha de la gente indígena del norte de Baja California aún
habla su lengua ancestral, y en años recientes varios lingüistas
entre los que se incluyen a James M. Crawford, Leanne Hinton, Judith Joël,
Mauricio J. Mixco y Jesús Angel Ochoa Zazueta, han estado muy activos
en la documentación y el análisis de las mismas. Al sur
de San Quintín, las lenguas aborígenes se extinguieron durante
los siglos XVIII y XIX. Para conocer de esas lenguas sureñas dependemos
totalmente de los registros escritos por los primeros visitantes, particularmente
misioneros jesuitas tales como Jakob Baegert, Miguel del Barco y Franz
Benno Ducrue. Debido a los vacíos en la información, los
académicos disienten sobre el número de las distintas lenguas
en la península y sus rangos geográficos.
Los indígenas más norteños de Baja California hablan
lenguas pertenecientes a la familia yumana entre las que se incluyen al
kiliwa, paipai, tipai, kumiai (o Kumeyaay como se conoce en inglés),
cucapá (Cocopa en inglés) y quechan. Usando la controvertida
técnica de la glotocronología, se ha estimado que la separación
inicial de la familia yumana en lenguas diferentes quizás ocurrió
hace alrededor de 2,500 años. Se ha sugerido que el territorio
tradicional de los yumanos originales se encontraba en la cuenca baja
del Río Colorado o en el noroeste de Baja California. El cucapá,
kumiai y tipai junto con el ipai de Alta California están cercanamente
emparentados los unos con los otros, pero separados por quizás
cerca de 1,000 años de desarrollo independiente. El quechan está
emparentado con el mojave y el maricopa de los ríos Colorado y
Gila. Desde un punto de vista geográfico, es sorprendente que el
vinculo más cercano del paipai sea las lenguas de los yumanos del
oeste de Arizona, el yavapai, wualapai y havasupai. El kiliwa permanece
solo, como la lengua más divergente de la familia yumana.
Una conexión ligeramente más remota unió a la familia
yumana con el cochimí, la lengua o grupo de lenguas habladas en
toda la porción central de Baja California, desde el norte de El
Rosario hasta las cercanías de Loreto en el sur. (No se debe confundir
el cochimí del centro de Baja California con el dialecto tipai
de La Huerta al cual en ocasiones también se le conoce con ese
nombre).
Existieron
relaciones mucho más distantes, que probablemente daten más
de 5,000 años, entre el yumano-cochimí y varias otras familias
pertenecientes al phylum lingüístico hokano. Estas lenguas
estaban dispersas alrededor de la periferia de la Alta California, incluyendo
al chumash, pomo y washo entre otras; aparentemente, los cazadores-recolectores
seri de la costa sonorense del Mar de Cortés también son
hablantes hokanos. Al interior de la Baja California y al sur del rango
cochimí, tanto el monqui de Loreto como el guaycura de las planicies
de Magdalena podrían haber pertenecido al phylum hokano. El pericú,
lengua hablada en el extremo sur de la región de Los Cabos, es
un enigma lingüístico. Pudo o no haber estado relacionada
con el guaycura; pero la evidencia es muy insuficiente como para saber
con certeza.

Para discusiones adicionales sobre la distribución y relaciones
de las lenguas de Baja California, consulte la Bibliografía, y
a fuentes tales como Gursky 1966; Joël 1998; Laylander 1993, 1997a;
León-Portilla 1976; Massey 1949; Mathes 1975a, 1977a; Mixco 1977d,
1978; Ochoa Zazueta 1979, 1982b; y Robles Uribe 1965.
© 2002 Don Laylander


(Traducido por Moisés Santos Mena)