lunes, 24 de enero de 2011

HALLAZGO ANTROPOLOGICO

EN LOS CABOS
DESCUBREN LOS

RESTOS DEL
MISIONERO NICOLAS TAMARAL

Uno de los hallazgos antropológicos
más importantes

Encuentran también el sitio original
de la misión de San José del Cabo Añuití


Por Cuauhtémoc Morgan
Una visita poco común recibió el obispo de La Paz, Miguel Ángel Alba Díaz,
en agoto de 2007. En sus oficinas lo aguardaba una persona que buscaba entrevistarse
con él.
Amable, como siempre ha sido, el obispo cuestiona a este personaje, quien es
devoto católico, sobre el motivo de su visita.

─Padre, hemos descubierto los restos del misionero Nicolás Tamaral, están
sepultados en San José Viejo junto con sus objetos personales.
El obispo guardó silencio ante tan sorpresiva aseveración y puso atención a
su interlocutor, quien narró paso a paso la forma en que ha sido descubierto el
sitio original de la misión de San José del Cabo Añuití tan llena de historia.
Además en dos excavaciones, fueron hallados los efectos personales del
sacerdote jesuita asesinado el 3 de octubre de 1734 en una rebelión de la tribu
pericú, suceso que causó en esa época un gran impacto por la importancia de la
obra de evangelizadora que emprendió la iglesia católica en la antigua California.
Luego de evaluar por varios minutos la trascendencia de este hallazgo, el
obispo solicitó al visitante guardar respeto y discreción por el sagrado lugar
y esperar un mejor momento para ahondar en las investigaciones, dada la
importancia antropológica e histórica que implica este hallazgo fortuito.

PROTOMÁRTIRES DEL CRISTINISMO

La difícil obra evangelizadora iniciada en las Californias a partir del
arribo de los misioneros jesuitas a Loreto en 1697, estuvo plagada de
sufrimientos de todo tipo, debido a las carencias y a la gran dificultad que
significó cambiar el estilo de vida de los habitantes originales de esta
desértica región.
La difusión del cristianismo y la conversión de los nativos, fue realizada
por decenas de misioneros que fundaron poblaciones y rancherías a lo largo de
la península y que fueron los primeros asentamientos humanos permanentes. Dos
de estos valerosos misioneros fueron Lorenzo Carranco, originario de Cholula,
Puebla y Nicolás Tamaral, europeo sevillano. El primero se estableció en la
misión de Santiago y el segundo, fundó la misión de San José del Cabo Añuití en
1730, cuyo sitio original estuvo en lo que hoy conocemos como el poblado La
Playa.
Cambiar el modo de vida de los Californios, fue una labor difícil de
realizar para los sacerdotes católicos. Y es que los nativos eran nómadas, y
polígamos. Por eso fue muy complicados asentarlos en los sitios misionales y
hacerles entender que debían matrimoniarse con una sola mujer. Además ellos
amaban su libertad y solo estaban acostumbrados a trabajar en épocas
determinadas.
La influencia de los misioneros sobre las tribus, provocó el celo de los
“guamas” o cabecillas de los grupos Californios, quienes fomentaron la
animadversión de sus congéneres hacia los extranjeros que los hacían cambiar su
modo de vida.
De hecho, el misionero jesuita Juan Jacobo Baegert en su libro “Noticias de
la Península Americana de California”, describe al pueblo Pericú como
“sumamente altanero, inquieto e inaguantable”. En ese marco ocurre una
rebelión, un levantamiento diferente a los que antes se habían enfrentado los
sacerdotes.

En el sur del estado en 1734 los indios pericúes Boton y Chicori,
alborotaban al pueblo secreta y sigilosamente. El objetivo de esta
conspiración, según describe Baegert era: “matar a los misioneros, destruir
todo rasgo o indicio de la religión cristiana que apenas hace unos diez años la
habían abrazado y volver a vivir como antes, sin temor ni oposición, en plena
libertad”.
Así las cosas, un grupo importante de indígenas se reúnen el 2 de octubre de
1734 y se trasladan a la misión de Santiago donde asesinan a flechazos,
pedradas y garrotazos al sacerdote jesuita Lorenzo Carranco. Fue este un
asesinato cruel, realizado con mucho odio y rencor a tal grado que un niño
californio que ayudaba al padre en la misión lloraba en el lugar de los hechos,
pero fue tomado de sus pies y estrellado contra las paredes la misión hasta
causarle la muerte.
Un día después el grupo de pericúes se trasladó a la misión de San José del
Cabo Añuití, donde acaba de oficiar la santa misa el padre Nicolás Tamaral. El
sacerdote ya se encontraba en la casa de descanso a un costado de la misión
hasta donde entran los rebelados, lo derriban y lo arrastran hacia afuera. Ahí
el misionero fue atacado con flechas y ya moribundo uno de los alzados lo
apuñala “con un cuchillo largo”, según describe Baegert. Junto con Nicolás Tamaral
fue destruida también la misión de San José del Cabo Añuití que quedó en el
abandono.
De eso forma, Lorenzo Carranco y Nicolás Tamaral se convierten en los
protomártires del cristianismo en Las Californias y son un triste recuerdo en
la difícil evangelización de esta tierra.

EL DESCUBRIMIENTO

Tuvieron que transcurrir 220 años para que los restos de esta misión fueran
descubiertos. Los actuales moradores del lugar solicitaron al reportero
mantener en secreto el sitio de la misión, así como las identidades de quienes
se han involucrado en los hallazgos, “hasta que la iglesia católica determine
lo conducente”.
Es en la población de San José Viejo donde se hizo este hallazgo a mediados
de los años 50 del siglo pasado. Al buscar sitios para extraer agua con
tecnología rudimentaria, los miembros de una familia realizaron varias
excavaciones en su propiedad. En una de estas excavaciones fue encontrada la
campana de la misión de San José. En otra de las excavaciones, fueron hallados
los restos del padre Nicolás Tamaral, su sotana y otros efectos personales y
objetos propios de la iglesia. El patriarca de la familia ordenó que todo esto
se enterrara de nuevo, que ya no se siguiera excavando más en la zona “porque
yo no deseo tener problemas con cosas de la iglesia”.
Su orden determinante fue obedecida y las cosas encontradas fueron colocadas
de nuevo en su lugar, sin embargo los dos sitios fueron señalados con marcas.
Este reportero tuvo oportunidad de ir al sitio de la misión. “Aquí han
venido investigadores de otros países y nos preguntan sobre la misión, nosotros
pues les damos la poca información que tenemos porque no sabemos mucho de eso”,
dice una de las residentes que señala los cimientos de la iglesia sobre los
cuales ahora ha construido su vivienda.

Se trata de las bases de la nave principal sobre la que estaba asentada la
misión. En estos cimientos se pueden apreciar las ruinas sobre lo que fue una
construcción adyacente a la nave principal, que bien puede ser el sitio de
descanso del sacerdote. Me piden no tomar fotografías del lugar. Parte de la
vivienda se encuentra sobre estos restos arqueológicos.
En el fondo se pueden apreciar los dos sitios que fueron marcados y en los
que “nadie ha querido intervenir, las ordenes de mi abuelo fueron que las cosas
permanecieran tal cual y hasta el momento nadie ha movido nada, todo ha sido
secreto”.
Hoy,  solo se espera la determinación del actual jerarca de la iglesia en
Baja California Sur para dar a conocer uno de los descubrimientos
antropológicos más importantes en los últimos años, y que pueden revelar más
datos sobre la obra de los misioneros y su convivencia con los nativos
pericúes.
La muerte del misionero Nicolás Tamaral fue determinante en la
evangelización de las Californias. Es un triste recuerdo para la iglesia
católica que lo rememora de manera permanente con los mosaicos del frontispicio
de la misión de San José del Cabo, donde está plasmada la muerte del sacerdote.